Información general | 11:05
Preocupación
Advierten que la erosión costera ya amenaza viviendas y balnearios en la Costa Atlántica
La arquitecta Andrea Baldoni alertó sobre el impacto del avance del mar en distintas ciudades bonaerenses y cuestionó el desarrollo urbano sobre la línea costera. Señaló que el deterioro ya afecta estructuras, balnearios y propiedades frente al océano.
El avance del mar sobre la Costa Atlántica bonaerense dejó de ser una preocupación a futuro para transformarse en un problema visible y cada vez más alarmante. Las recientes sudestadas y fenómenos climáticos extremos profundizaron la erosión costera y encendieron las alertas en distintas localidades, donde ya se observan daños en balnearios, puestos de guardavidas y viviendas construidas frente al océano.
La arquitecta Andrea Baldoni, especialista en Patologías de la Construcción y graduada de la Universidad de Buenos Aires, aseguró que el escenario actual responde a una combinación de factores ambientales y decisiones urbanísticas tomadas durante décadas. En ese sentido, sostuvo que “se proyectó sobre la arena como si el Atlántico fuera una línea estática, una postal inmutable”.
Las consecuencias comenzaron a evidenciarse con mayor intensidad tras la última ciclogénesis que afectó a la provincia de Buenos Aires. El fuerte oleaje y la pérdida de arena dejaron expuestos cimientos deteriorados, grietas profundas y estructuras debilitadas en diferentes sectores del frente marítimo.
Para Baldoni, la situación ya no puede interpretarse como casos aislados. “No estamos ante fallas aisladas de obra, sino ante una crisis territorial y ambiental de escala sistémica”, remarcó.
La especialista explicó que el fenómeno tiene relación con el aumento del nivel del mar, las sudestadas más agresivas y los efectos acelerados del cambio climático. Sin embargo, apuntó especialmente contra la intervención humana sobre la costa.
Según detalló, durante años se permitió construir a pocos metros del agua, eliminando médanos que funcionaban como barrera natural y modificando el ecosistema costero mediante forestaciones inadecuadas. Esa pérdida de protección dejó a las construcciones mucho más expuestas frente al avance del océano.
“En mi experiencia profesional, esto no apareció de un día para el otro”, afirmó Baldoni, quien explicó que desde hace tiempo observa problemas recurrentes como humedades permanentes, desniveles, descalces de suelo y deterioros estructurales que en algunos casos rozan el derrumbe.
Además, indicó que desde 2024 comenzaron a detectarse consecuencias cada vez más graves, entre ellas socavamiento de cimientos por pérdida de suelo, fisuras estructurales, corrosión de hierros internos debido al salitre y riesgo de inhabitabilidad en propiedades ubicadas sobre la primera línea costera.
La arquitecta advirtió que el problema no solo afecta a las viviendas, sino también a la economía de las ciudades turísticas. La reducción de las playas deteriora el principal atractivo de la región y genera incertidumbre sobre el futuro del sector.
“El abandono visual de las viviendas dañadas degrada la estética urbana, transformando postales de descanso en zonas de riesgo aparente”, sostuvo. Según explicó, esto repercute en la caída del valor inmobiliario, la retracción de inversiones privadas y el impacto sobre el mercado de alquileres temporarios.
El panorama, según Baldoni, podría agravarse en los próximos años si no se modifica el enfoque urbanístico. “Las viviendas que hoy ocupan la primera fila pasarán a ser inviables en el corto plazo”, anticipó.
Entre las medidas que consideró necesarias mencionó la relocalización de viviendas e infraestructura pública, la recuperación de los sistemas de médanos y la implementación de normativas más estrictas para futuras construcciones.
También alertó sobre posibles intervenciones improvisadas para contener el avance del agua. Según explicó, algunas obras rígidas pueden alterar las corrientes marinas y acelerar la erosión en playas vecinas.
“El desafío ya no pasa por intentar resistir la fuerza del mar mediante barreras rígidas, sino por adaptar la planificación y la normativa local a la dinámica de la naturaleza”, concluyó.
Para la especialista, el futuro de la Costa Atlántica dependerá de la capacidad de los municipios y desarrolladores urbanos para replantear el modelo de crecimiento costero antes de que el deterioro avance de manera irreversible.
