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Crisis en el banco

Un técnico cada seis días: el Torneo Apertura devora entrenadores sin piedad

En apenas 12 fechas, ya son 11 los directores técnicos que dejaron su cargo. La presión por resultados inmediatos, el formato del campeonato y la falta de paciencia dirigencial consolidan un escenario cada vez más inestable.

A diferencia de otros empleos, los técnicos no dependen únicamente de su propio rendimiento. Sus resultados están atados al desempeño de un plantel que no controlan completamente. Y en un contexto donde ganar es una obligación constante, el margen de error se reduce al mínimo.

El dato es contundente: en solo 12 fechas del Torneo Apertura, 11 entrenadores ya perdieron su trabajo. Desde el inicio del campeonato, el 23 de enero, el fútbol argentino se llevó un técnico cada 6 días y medio.

Las últimas salidas fueron las de Gustavo Benítez y Fernando Zaniratto. El primero dejó su cargo tras la caída de Deportivo Riestra frente a Unión en Santa Fe, en la antesala del debut del equipo en la Copa Sudamericana. Su reemplazante será Guillermo Duró, un viejo conocido del club que regresa tras su paso por el exterior.

El caso de Zaniratto también refleja la fragilidad del puesto. Había asumido primero como interino y luego fue confirmado, pero una seguidilla de tres derrotas terminó por sentenciar su ciclo en Gimnasia. La eliminación en el clásico y la falta de eficacia en momentos clave pesaron más que su buen trabajo previo, que había incluido la clasificación a los playoffs del Clausura 2025.

La lista de entrenadores que dejaron su cargo es extensa y, en muchos casos, abrupta. Solo uno, Eduardo Domínguez, se fue por decisión propia para asumir un desafío más conveniente en Brasil. El resto, entre renuncias forzadas y acuerdos dirigenciales, terminó saliendo por la puerta de atrás.

El patrón se repite: los resultados mandan y los proyectos quedan relegados. Incluso técnicos con trayectoria o logros recientes no logran sostenerse en el tiempo. El caso de Marcelo Gallardo es un ejemplo claro de cómo ni siquiera los nombres más importantes están a salvo cuando los resultados no acompañan.

El formato del torneo también influye. Con solo 16 fechas para meterse en los playoffs y apenas 16 de 30 equipos con chances de lograrlo, la exigencia es inmediata. No hay espacio para procesos largos ni para reconstrucciones graduales.

Algunos entrenadores lograron ganar algo de aire en los últimos días. Gustavo Quinteros sostuvo su cargo tras un triunfo clave en el clásico, mientras que Claudio Ubeda también logró estabilizar su situación con buenos resultados recientes. Sin embargo, en este contexto, ninguna continuidad está garantizada.

La tendencia no es nueva, pero se acentúa. El año pasado, 30 técnicos dejaron sus cargos. En lo que va del actual torneo, más de un tercio ya corrió la misma suerte.

El fenómeno trasciende fronteras, aunque en Argentina se vive con una intensidad particular. En las principales ligas europeas también hubo decenas de despidos, pero el nivel de presión local parece no dar tregua.

Como alguna vez reflexionó Pep Guardiola: “El estrés siempre está ahí porque te juzgan todos los días... No hay ningún profesional del fútbol que gane siempre”.

En un ambiente dominado por la urgencia y el exitismo, esa lógica parece no tener lugar. Y mientras tanto, los técnicos siguen cayendo, uno tras otro, en una rueda que no se detiene.

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