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Informe económico

La industria perdió más de 100.000 empleos y advierten sobre un fuerte deterioro del entramado productivo

Un estudio elaborado por los economistas Martín Pollera y Mariano Macchioli describe un proceso de “glaciación productiva” que se profundizó en los últimos años y que impacta con fuerza en el empleo, la actividad industrial y las economías regionales.

La crisis del empleo industrial en la Argentina no se manifiesta únicamente en cierres de fábricas o en la caída de los niveles de producción. También se traduce en efectos profundos sobre territorios enteros cuya dinámica económica depende del funcionamiento de la industria. Así lo señala el informe “El desarme industrial en la era de la glaciación productiva: no hay empleo”, elaborado por los economistas Martín Pollera y Mariano Macchioli.

El trabajo advierte que entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron 104.000 puestos de trabajo vinculados al sector industrial si se consideran tanto los empleos directos como los generados de manera indirecta a partir de la actividad productiva. De ese total, aproximadamente 73.000 corresponden a empleos industriales directos, mientras que otros 31.000 se relacionan con actividades que dependen del funcionamiento del sector.

El economista Martín Pollera explicó que el concepto de “glaciación productiva” busca describir un proceso que se viene intensificando con el paso del tiempo. Según indicó, en los últimos años se observa un ritmo cada vez más acelerado de cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo, con efectos que se expanden territorialmente en distintas regiones del país.

El impacto, de acuerdo con el informe, se concentra especialmente en sectores intensivos en empleo como la industria, el comercio y la construcción. Pollera sostuvo que la recesión también se manifiesta en medidas adoptadas por las empresas para sostener su actividad, como la paralización de plantas, las suspensiones de personal o la reducción de horas extras, lo que repercute de manera directa en los ingresos de los trabajadores.

Ante la pérdida de empleo formal, muchos trabajadores se ven empujados a buscar alternativas en la informalidad o en plataformas digitales. Según el economista, en el último tiempo se observa un aumento en la cantidad de personas que ofrecen servicios a través de estas aplicaciones, una situación que responde más a la necesidad de compensar ingresos perdidos que a cambios en los hábitos de consumo.

El informe también identifica una serie de factores macroeconómicos que, según los autores, afectan simultáneamente al sector industrial. Entre ellos mencionan el ajuste fiscal, las tasas de interés reales elevadas, la apertura comercial combinada con atraso cambiario y el incremento de los costos energéticos.

Pollera advirtió que estas condiciones están generando dificultades cada vez mayores para las empresas. En muchos casos, explicó, ya no se trata de una crisis coyuntural que pueda resolverse con financiamiento o con el uso de stock acumulado, sino de un deterioro patrimonial que obliga a los empresarios a evaluar decisiones más drásticas, como despidos masivos o incluso el cierre de compañías.

Otro aspecto relevante que señala el estudio es el impacto territorial del proceso. La pérdida de empleo industrial se concentra especialmente en regiones con fuerte presencia manufacturera, como el conurbano bonaerense, Rosario, Córdoba y distintas zonas de Santa Fe y Entre Ríos. En esos lugares, la caída de la actividad industrial repercute de manera directa sobre la economía local.

El informe también cuestiona la idea de que la pérdida de empleo en la industria pueda compensarse con el crecimiento de sectores exportadores como el agro, la minería o la energía. Mientras la industria eliminó más de 100.000 puestos de trabajo en el período analizado, el agro generó apenas cerca de 10.000 empleos y el sector de minería y energía registró incluso una leve reducción.

Según Pollera, esto se explica porque algunas actividades requieren grandes inversiones de capital pero generan relativamente poco empleo, mientras que la industria y la construcción tienen una capacidad mucho mayor para absorber mano de obra.

En ese sentido, el economista afirmó que los datos disponibles no reflejan la recomposición laboral que se había proyectado. De los más de 100.000 puestos perdidos en el sector industrial, apenas entre un 10 y un 15 por ciento se habría compensado con el crecimiento de otros rubros. El resto de los trabajadores, indicó, queda sin ingresos, pasa a la informalidad o intenta generar recursos por cuenta propia.

Para los autores del informe, este proceso no solo implica una caída del empleo en el presente, sino también un deterioro estructural del sistema productivo. La desaparición de empresas, la pérdida de capacidades técnicas y el debilitamiento de las cadenas industriales generan consecuencias que pueden prolongarse durante años y dificultar la recuperación de la actividad.

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