Política | 08:36

Memoria

Se cumplen 70 años del decreto que prohibió nombrar a Perón y Evita

El 5 de marzo de 1956 el gobierno militar surgido tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón dictó el decreto-ley 4161, una norma que vetó cualquier mención pública al líder justicialista, a Eva Perón y a los símbolos del movimiento peronista. La medida se convirtió con el tiempo en uno de los ejemplos más recordados de censura política en el país.

La disposición fue impulsada por el régimen militar que surgió del golpe de Estado de 1955, autodenominado Revolución Libertadora. El objetivo central era eliminar del espacio público cualquier elemento político, cultural o simbólico asociado al movimiento que había gobernado el país durante una década.

Cuando nombrar era un delito

El decreto establecía restricciones muy concretas. Quedaba prohibido mencionar los nombres de Perón o de Evita en actos públicos, publicaciones, emisiones radiales o cualquier otro medio de difusión.

También se impedía exhibir retratos, consignas, banderas, canciones o cualquier símbolo ligado al peronismo. Entre los elementos alcanzados por la prohibición figuraba incluso la Marcha Peronista, una de las expresiones culturales más identificadas con el movimiento.

El texto justificaba estas restricciones afirmando que esos símbolos recordaban “una época de escarnio y de dolor para la Nación”. En consecuencia, su uso podía derivar en sanciones que incluían multas, prisión y medidas administrativas.

La normativa no se limitaba a la censura política tradicional. Regulaba palabras, imágenes e incluso gestos vinculados al peronismo, lo que en la práctica impedía que millones de personas expresaran públicamente su identidad política.

La proscripción del peronismo

El decreto formó parte de un proceso más amplio de proscripción del peronismo. Tras el golpe de 1955, el movimiento fue excluido del sistema político y electoral durante 18 años. Muchos de sus dirigentes fueron perseguidos, encarcelados o debieron exiliarse.

En ese contexto también se manifestaron posicionamientos desde algunos medios de comunicación. El diario La Prensa publicó entonces un editorial titulado “Los símbolos de la dictadura”, en el que respaldaba la eliminación de la iconografía peronista del espacio público.

El texto sostenía que esos emblemas evocaban un período considerado autoritario y que su permanencia resultaba una afrenta que debía desaparecer para restablecer la normalidad política.

Identidad y resistencia

Con el paso de los años, el decreto-ley 4161 terminó siendo recordado como uno de los ejemplos más notorios de censura política en la historia argentina. Lejos de lograr la desaparición del peronismo, la prohibición terminó fortaleciendo la identidad del movimiento entre sus seguidores.

Durante los años de proscripción, muchos simpatizantes evitaban mencionar de forma directa a Juan Domingo Perón y a Eva Perón para no exponerse a sanciones. En conversaciones privadas o en ámbitos sindicales comenzaron a utilizarse referencias indirectas y apodos que funcionaban como códigos compartidos.

Perón era nombrado como “El General”, “El Viejo”, “El Líder”, “El conductor” o “el que está afuera”, en alusión a su exilio. En el caso de Evita, se recurría a expresiones como “La Señora”, “La Jefa Espiritual”, “La Abanderada” o simplemente “Ella”.

Siete décadas después, aquel decreto suele ser recordado como una tentativa de regular por ley la memoria política de una parte importante de la sociedad. También como una evidencia de que las identidades políticas difícilmente desaparecen por decreto.

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