Espectáculos | Ayer

Pelea por los derechos

El tatuador de Quilmes que creó las alas de Duki llevó el conflicto a la Justicia

Iván Grasso, conocido como “El Iván de Quilmes”, denunció que uno de los diseños más emblemáticos del cantante fue utilizado en merchandising y campañas comerciales sin autorización ni compensación económica. El reclamo ya escaló a tribunales.

La relación entre el tatuador Iván Grasso y Duki dejó de ser parte del detrás de escena del trap para convertirse en un conflicto judicial que sacude al ambiente artístico. El artista quilmeño, conocido popularmente como “El Iván de Quilmes”, inició acciones legales luego de denunciar el uso comercial no autorizado de uno de sus diseños más reconocidos: las alas tatuadas debajo de los ojos del cantante.

Grasso es una figura conocida dentro de la escena urbana argentina. Autodidacta, skater y DJ, construyó su nombre tatuando a varios referentes del trap local como Cazzu, Khea y Neo Pistea, mucho antes de que el género alcanzara el nivel de popularidad actual.

Según explicó el tatuador, el conflicto surgió cuando ese diseño comenzó a aparecer en productos oficiales vinculados a la marca de Duki, incluyendo colaboraciones con empresas como Adidas, Netflix y la firma de gorras New Era. El reclamo apunta a que jamás existió una cesión formal de derechos ni autorización para explotar comercialmente la obra.

“Siguen usando mi obra y mis dibujos sin autorización, sin licencia y sin siquiera tener la delicadeza de avisarme o hablarlo conmigo”, expresó Grasso en un fuerte descargo publicado en redes sociales.

El tatuador remarcó que el problema no pasa únicamente por el dinero, sino por el reconocimiento artístico y profesional. De acuerdo a su versión, durante meses recibió promesas de parte del entorno del cantante para resolver la situación, aunque nunca hubo un acuerdo concreto.

Uno de los puntos que más repercusión generó fue la difusión de conversaciones privadas en las que, según mostró Grasso, el propio Duki reconocería el conflicto y admitiría que su equipo debía comunicarse para encontrar una solución. Sin embargo, el contacto nunca avanzó y el malestar terminó explotando públicamente.

“Hace bastante tiempo me vienen diciendo que me van a reconocer y pagar lo que me corresponde por mi arte, pero pareciera que si uno no pone abogados en el medio, nadie escucha”, escribió el tatuador.

Actualmente, el caso es impulsado junto al estudio jurídico Franco Trigo Abogados mediante una denuncia por daños y perjuicios. El conflicto abrió además un debate más amplio sobre los derechos de autor vinculados a tatuajes, diseños y elementos visuales que terminan formando parte de la identidad comercial de artistas famosos.

Mientras algunos usuarios respaldaron al tatuador y señalaron la falta de reconocimiento hacia los creativos detrás de grandes figuras del espectáculo, otros defendieron a Duki y consideraron que la situación debería haberse resuelto de manera privada.

Lo cierto es que el reclamo ya ingresó en la esfera judicial y podría sentar un precedente importante sobre propiedad intelectual dentro de la industria musical argentina.

COMENTARIOS