Información general | 22/01

Neurociencia y emociones

Por qué la música de la adolescencia nos marca para toda la vida

Estudios en neurociencia explican por qué las canciones escuchadas entre los 13 y los 17 años quedan grabadas con más fuerza en la memoria y siguen influyendo en las emociones incluso en la adultez. Además, nuevas investigaciones vinculan la escucha habitual de música con un menor riesgo de demencia en la vejez.

La música que elegimos a lo largo de la vida no solo acompaña momentos, sino que también moldea recuerdos, emociones y hasta formas de pensar. Sin embargo, la ciencia señala que hay una etapa en la que esa influencia es mucho más intensa: la adolescencia.

Investigaciones en psicología y neurociencia coinciden en que las canciones escuchadas entre los 13 y los 17 años dejan una huella especialmente profunda. Durante ese período, el cerebro atraviesa una fase de gran plasticidad, en la que las experiencias emocionales se fijan con mayor fuerza. Por eso, una melodía de esa etapa puede, años después, activar recuerdos muy precisos de lugares, personas y sensaciones.

Desde la neurobiología se explica que, al escuchar música en esos años, se activan de forma simultánea áreas vinculadas a la emoción, la memoria y el placer. Esa combinación genera registros emocionales más estables y duraderos que los que se forman en otras etapas de la vida. Así, aunque en la adultez cambien los gustos musicales, aquellas canciones juveniles conservan un valor afectivo difícil de reemplazar.

Este fenómeno no se reduce solo a la nostalgia. Tiene que ver con cómo el cerebro asocia estímulos sonoros con experiencias intensas de identidad, vínculos sociales y descubrimiento personal. De allí que muchos artistas y oyentes reconozcan que, aun con el paso del tiempo, vuelven a las bandas que marcaron su adolescencia, no por moda, sino por el impacto emocional que aún conservan.

Pero la relación entre música y cerebro no se limita a los recuerdos. Investigaciones recientes también analizan su influencia en la salud cognitiva durante la vejez. En un estudio realizado en Australia con 10.800 personas mayores de 70 años sin diagnóstico de demencia, se evaluó cómo la participación musical se relaciona con el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo.

Los resultados mostraron que quienes escuchaban música de manera habitual presentaban una reducción del 33 por ciento en el riesgo de demencia, además de mejores desempeños generales en pruebas de memoria y cognición. En cambio, no se hallaron diferencias significativas en el riesgo entre quienes tocaban un instrumento y quienes no lo hacían.

Estos datos refuerzan la idea de que la música no solo acompaña momentos clave de la vida, sino que también puede convertirse en una aliada para el bienestar mental a largo plazo. Desde la adolescencia hasta la vejez, las canciones no solo suenan: también dejan marcas profundas en el cerebro.

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