Municipios | 05/01

Los detalles

Acuerdo entre sectores enfrentados reconfigura el poder político en Mar Chiquita

Sectores históricamente enfrentados avanzan en un entendimiento que busca garantizar gobernabilidad, desplazar viejos liderazgos y abrir paso a una nueva etapa en el distrito, en medio de tensiones internas dentro del peronismo.

En Mar Chiquita comenzaron a activarse movimientos políticos que remiten a tradiciones conocidas de la política argentina, aunque con objetivos claramente actuales. En las últimas semanas tomó forma un entendimiento entre sectores históricamente enfrentados, identificados en el esquema que encabeza Alejandro Ruau, conocido como “Catarro”, por un lado, y el espacio que responde a Walter Wischnivetzky, por el otro.

El acercamiento, aún en etapa de consolidación, apunta a garantizar gobernabilidad y habilitar un proceso de renovación política real en el distrito. Como rasgo central, el acuerdo buscaría correr del centro de la escena a dirigentes que durante años concentraron poder territorial y decisiones estratégicas. En ese grupo aparecen el senador Jorge Paredi, junto a Marcelo Sosa y Diego Ginestra.

El mensaje interno es explícito: el nuevo armado pretende dejar atrás lógicas de acumulación personal y negociaciones cerradas, apostando a un esquema más amplio y menos dependiente de liderazgos asociados al pasado reciente. En paralelo, el entendimiento avanza en conversaciones con espacios vecinalistas y fuerzas no alineadas orgánicamente con los grandes partidos tradicionales, con la mira puesta en un eventual gobierno de coalición.

No se trata solo de una ingeniería electoral coyuntural, sino de un intento de recambio generacional, con nuevas voces y una agenda más cercana a las demandas del vecino común, en contraste con las internas partidarias que dominaron la política local durante la última década. Este reordenamiento se inscribe, además, en un contexto regional e internacional marcado por una fuerte reconfiguración del poder, donde los alineamientos geopolíticos, la energía y los recursos estratégicos comienzan a condicionar incluso las dinámicas locales.

Según lecturas que circulan en ámbitos especializados, este escenario refuerza la estrategia del intendente Wischnivetzky de explorar una alternativa política más amplia, capaz de garantizar continuidad de gestión sin quedar atrapada en las tensiones internas del peronismo local. Desde su entorno admiten que las maniobras impulsadas por el senador Paredi, orientadas a debilitar al Ejecutivo y a relanzar la figura de Fabián Jarquet, aceleraron la decisión de buscar un armado transversal que integre al peronismo, al radicalismo, al vecinalismo y a sectores independientes.

En los últimos días, incluso, comenzó a circular entre vecinos una versión que no pasó inadvertida en el mundo político local: Alejandro Ruau habría sido visto viajando junto al intendente por la Ruta 2. Más allá del carácter informal del dato, el gesto fue leído como otro indicio del proceso de diálogo y reconfiguración de vínculos que atraviesa hoy al oficialismo.

Sin embargo, este giro estratégico también genera costos internos. Un sector importante del peronismo local expresa malestar con el intendente, a quien había comenzado a ver como una alternativa frente a las estructuras tradicionales. El enojo se explica por la sensación de desplazamiento que generó la priorización del diálogo con referentes del radicalismo, mientras dirigentes y militantes que acompañaron el proceso desde sus inicios continúan fuera del esquema de decisiones.

En ese clima de tensión, la figura de Jorge Paredi vuelve a emerger como el único dirigente con capacidad real de contener y ordenar al peronismo local, capitalizando el descontento de un espacio que se siente relegado del proyecto que ayudó a construir. Así, Mar Chiquita se encamina hacia una etapa de definiciones, donde la disputa entre gobernabilidad, lealtades políticas y recambio generacional marcará el pulso del escenario político en los próximos meses.

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