Municipios | 16/12/25
Memoria ferroviaria
El último tren: se cumplieron 57 años del día que Necochea se despidió del ferrocarril
Un temporal, una partida final y una decisión tomada años antes marcaron el cierre definitivo de la estación. Historia, protagonistas y el pulso de un barrio que creció al ritmo del tren.
A las 11.30 horas del domingo 15 de diciembre de 1968, en medio de una jornada de temporal, Oscar Plumez despachó desde Necochea hacia Buenos Aires el que sería el último servicio ferroviario. Plumez, último jefe de la estación ubicada en la calle 62 entre 43 y 47, fue testigo y protagonista de un cierre que ya estaba escrito.
La partida final y el cierre de la estación fueron el desenlace de una decisión que había comenzado a gestarse el 9 de enero de 1964, cuando la ciudad recibió la noticia de la clausura de la estación del Ferrocarril General Roca. Pese a las gestiones impulsadas por autoridades y fuerzas vivas, la medida no logró revertirse. Entre los argumentos esgrimidos para la clausura definitiva se mencionaron razones técnicas y problemas de seguridad en el puente ferroviario.
La historia ferroviaria de Necochea había comenzado mucho antes. El 1 de agosto de 1894 quedó habilitada la línea Quequén-Necochea y el arribo del primer tren fue recibido con 21 campanadas. Tras cruzar el puente sobre el río Quequén, en el sector donde hoy se encuentra el Club Del Valle, las formaciones llegaban a una estación imponente, de sólida construcción, con columnas ornamentadas en hierro y un techo de andén con vistosas claraboyas, fiel al estilo inglés que caracterizó al ferrocarril en aquellos años. Aquella jornada inaugural fue una verdadera fiesta para la ciudad y entre los pasajeros se encontraba el ex presidente de la Nación Carlos Pellegrini.
Un dato singular de esa infraestructura es que el puente ferroviario, con bases de cemento y ladrillo, había sido concebido como una estructura provisoria de madera de quebracho. Sin embargo, se mantuvo en pie durante nueve décadas y recién la inundación de 1980 logró derribarlo, años después de haber sido clausurado el 21 de abril de 1969.
Durante décadas, el barrio Norte fue el más bullicioso de Necochea. Cada llegada y cada partida del tren, con vagones colmados de pasajeros, muchos de ellos visitando la ciudad por primera vez, se anunciaban con la potente bocina de la locomotora. El vapor que escapaba por sus costados completaba una escena inolvidable.
El movimiento del ferrocarril impulsó también la economía local. En los primeros tiempos, el tranvía recorría el centro de la ciudad y finalizaba su trayecto en la avenida 2. Más adelante, se instaló una parada de taxis sobre la calle 62, con vehículos alineados desde la avenida 43 hasta la calle 49. Frente a la estación funcionaban dos hoteles, Aurora y Euskalduna, ambos con restaurantes y una ocupación constante.
Entre las postales de aquellos años figura la llegada, a fines de la década del 20, del primer contingente de 180 niñas y niños destinados a la Colonia Raimondi, procedentes de Buenos Aires y acompañados por personal médico y de cuidado.
El barrio de la estación concentraba a numerosos trabajadores ferroviarios, especialmente maquinistas y jefes que cumplían distintos turnos. Entre los protagonistas de esa vida ferroviaria se recuerdan a José Pardal, Alberto y Tito Belacín, Luis Masur, Horacio Nicolella, Schettino, Tito Vallejos, las familias Savoye, Sebastiani, Balcedo y Urquiza, además de Luis Veccia, Lapolla y Duhalde, entre otros. También residían allí comisionistas como Oscar Foggia, en una época en la que casi toda la carga se transportaba en tren.
En los años de mayor esplendor partían y arribaban dos trenes diarios hacia Buenos Aires, con un promedio de siete vagones ocupados, incluidos coches cama. El viaje hasta la Capital demandaba apenas 6 horas.
Los sábados, el ferrocarril sumaba otra escena llamativa: el envío de ganado hacia Buenos Aires. Los animales eran arreados desde la Sociedad Rural hasta la estación por jinetes, ingresando en tropel por la avenida 43, entonces de tierra. Algo similar ocurría con la llegada de los circos, que trasladaban en tren su material y sus animales.
La vitalidad del barrio fue tal que los jóvenes formaron el Club Ferroviarios para disputar partidos de fútbol amateur. La cancha se ubicaba donde hoy funciona la Escuela Argentino Danesa Altamira.
Un dato que grafica otra época es que, incluso tras la nacionalización del sistema ferroviario durante la presidencia de Juan Domingo Perón, la estación nunca contó con personal femenino, en línea con las normas laborales heredadas del modelo inglés.
Tras la desaparición del tren, la estación construida a fines del siglo 19 quedó abandonada durante varios años. Recién en la década del 80 el municipio tomó posesión del edificio y lo reconvirtió en el actual Centro Cultural Municipal, resignificando un espacio que había sido corazón y puerta de entrada de la ciudad.
