Economía y Empresas | 27/11

Crisis

Whirlpool cerró su planta de Pilar y dejó sin trabajo a más de 200 familias

La firma anunció de manera repentina el cierre de su fábrica inaugurada en 2022 y despidió a 220 trabajadores. La empresa atribuyó la medida a la caída de ventas, el sobrestock y la competencia de productos importados.

La empresa de electrodomésticos Whirlpool dispuso el cierre inmediato de su planta ubicada en Pilar y comunicó el despido de 220 trabajadores. La decisión sorprendió al personal, ya que hasta el día anterior la producción se desarrollaba con normalidad. Desde la compañía informaron que la medida responde a la fuerte caída del consumo, al aumento de las importaciones y a un nivel crítico de sobrestock.

Tras el anuncio, la firma inició negociaciones con la Unión Obrera Metalúrgica para acordar las condiciones de salida, que incluirán la indemnización correspondiente y un adicional. El cierre afectó tanto a operarios de línea como a trabajadores de distintos sectores administrativos y logísticos. A pesar de ello, la marca mantendrá su oficina comercial y su centro de distribución sobre la ruta 8, donde continuarán en funciones alrededor de 110 empleados.

En diálogo con la prensa, Ignacio Cabezas, uno de los operarios despedidos, relató que el aviso fue dado durante una reunión realizada en el comedor de la fábrica. Explicó que los directivos les informaron que el volumen de ventas se redujo drásticamente y que la empresa optará por importar productos antes que continuar fabricándolos en el país.

Durante ese encuentro, los representantes de los trabajadores solicitaron que parte del personal sea reasignado a tareas de despacho del stock existente. La propuesta surgió ante versiones que indican que la compañía podría convertir la planta en un centro de acopio y distribución para abastecer el mercado local con productos importados.

El cierre resulta especialmente llamativo porque la fábrica había sido presentada como un emblema de modernización industrial. En julio de 2022, Whirlpool había anunciado una inversión de 50 millones de dólares para poner en marcha una planta de 30.000 metros cuadrados, diseñada para ser la más avanzada de su tipo a nivel global. Allí se producían cocinas y lavarropas de carga frontal y superior, con una capacidad instalada de 300.000 unidades anuales, de las cuales el setenta por ciento se destinaba a exportaciones.

Sin embargo, la recesión, la caída del poder adquisitivo y la apertura de importaciones alteraron el escenario. Los operarios detallaron que la producción pasó de 600 lavarropas diarios a aproximadamente 400. Un lavarropas de la marca cuesta alrededor de 900.000 pesos, mientras que modelos chinos se comercializan a la mitad, lo que profundizó la pérdida de competitividad.

La planta, que llegó a emplear a más de 400 personas de manera directa y a más de 1.000 de forma indirecta, hoy atraviesa uno de sus momentos más críticos desde su inauguración, dejando a cientos de familias en una situación de enorme incertidumbre laboral.

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